domingo, 4 de junio de 2017

Juan Goytisolo (Barcelona, 5 de enero de 1931 - Marrakech, 4 de junio de 2017)


Altivo, gerifalte Poeta, ayúdame: a la luz más cierta, súbeme: la patria no es la tierra, el hombre no es el árbol: ayúdame a vivir sin suelo y sin raíces: móvil, móvil: sin otro alimento y sustancia que tu rica palabra: palabra sin historia, orden verbal autónomo, engañoso delirio: poema: alfanje o rayo: imaginación y razón en ti se aúnan a tu propio servicio: palabra liberada de secular servidumbre.

(Juan Goytisolo. Reivindicación del conde don Julián. México, Joaquín Mortiz, 1970)

viernes, 2 de junio de 2017

Poema doble del lago Eden


Nuestro ganado pace, el viento espira.
                                                                                                                      Garcilaso

Era mi voz antigua
ignorante de los densos jugos amargos.
La adivino lamiendo mis pies
bajo los frágiles helechos mojados.

¡Ay voz antigua de mi amor,
ay voz de mi verdad,
ay voz de mi abierto costado,
cuando todas las rosas manaban de mi lengua
y el césped no conocía la impasible dentadura del caballo!

Estás aquí bebiendo mi sangre,
bebiendo mi humor de niño pesado,
mientras mis ojos se quiebran en el viento
con el aluminio y las voces de los borrachos.

Déjame pasar la puerta
donde Eva come hormigas
y Adán fecunda peces deslumbrados.
Déjame pasar, hombrecillo de los cuernos,
al bosque de los desperezos
y los alegrísimos saltos.

Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!

Esos perros marinos se persiguen
y el viento acecha troncos descuidados.
¡Oh voz antigua, quema con tu lengua
esta voz de hojalata y de talco!

Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.

Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
matando en mí la burla y la sugestión del vocablo.

No, no, yo no pregunto, yo deseo,
voz mía libertada que me lames las manos.
En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe
la luna de castigo y el reloj encenizado.

Así hablaba yo.
Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes
y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando.
Me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.

(Federico García Lorca, poema de 1930 publicado por vez primera en la revista Poesía, I, números 6/7, octubre-noviembre, 1933, pp. 26-28)

viernes, 28 de abril de 2017

Incendio


Siempre hay un incendio en los parvularios de un vecindario. Algunas veces la llama es veraz y acierta en las comisuras de la leña que quiso ser mueble. Entonces se inicia el fuego de pájaros ensañados y crepitan los cuadernos de canutillo donde una niña pudo haber escrito su porvenir. El bestiario es acorralado por la incandescencia. Nuestras mascotas de mercadillo itinerante agonizando en las cajas de cartón. El humo se afianzaba entre las plumas de los polluelos y se oía su piar de urgencia. La infancia de domingo a medio vestir se agrupaba en el jardín del juego. Niños en pijama, zapatos por el suelo, el grito de una embarazada aferrándose a una baranda de hierro y bosque. Cubos de agua, mangueras furiosas, cisternas como dragones de agua y nieve, y vecinos retándole a la suerte con sus manos de extintores inexpertos. Mientras, la infancia miraba al cielo con sus ojos de agua templada. Nuestros pies descalzos sobre la hierba doblegada, un barrizal de miedo y sombra, una intemperie tornándose alcoba o campamento de gorriones asfixiados.

(Beatriz Russo, La llama inversa, de pronta publicación)

martes, 25 de abril de 2017

Marcos


Marcos es el nombre de un compañero que murió, y nosotros siempre tomábamos los nombres de los que morían, en esta idea de que uno no muere sino que sigue en la lucha.

(Subcomandante Marcos, de una entrevista de abril de 1996, en Jorge Ramos, Detrás de la máscara, México, Grijalbo, 1998)

miércoles, 5 de abril de 2017

De este largo viaje hacia la lluvia


Dame la mano, amor, que no podemos
descansar todavía.
Tendrás que recorrer conmigo el tiempo;
mira cuánta distancia hasta la nieve,
cuántos copos de tierra
para olvidar los ojos del pasado
y encontrar el mañana
con un beso en la boca.

Ya sé que estás herido;
que te fatiga
atravesar la noche
y tienes miedo
de que, al final,
nos aguarde tan sólo la tristeza.

Ya sé que te rendiste
muchas veces al sol que deshidrata
todos los corazones;
pero yo te he salvado
trayendo un fresco arroyo hasta tus venas.

Si no puedes con todo
te llevaré en los brazos.
Has visto que soy fuerte
y que puedo arrasar todo el abismo.

Mataré los jaguares si se atreven
a acercarse a nosotros.
Antes de que emprendiéramos el viaje
cogí todas las armas
que tú me regalaste
y me mentalicé para la lucha.

Puedo con el desdén de las anémonas,
con la desilusión
de todos los reptiles,
con la envidia mortal del aguacero.

Apóyate en mi hombro.
A mí nada me agota,
ni siquiera la lluvia.

(María Luisa Mora Alameda. De este largo viaje hacia la lluvia. Madrid, Rialp, 1988)

lunes, 3 de abril de 2017

A los sueños


Aún vivo en todas las viejas direcciones,
llevo gafas oscuras, incluso en el interior,
donde las confidencias comparten mi cama
con los fantasmas, entrando en la cocina

a medianoche para comprobar el grifo.
Salgo tarde hacia el colegio y cuando llego
nadie parece reconocerme. Permanezco
sentado, indefenso, ignorado y vacío.

Esas pequeñas tiendas que sólo abren de noche
donde hago mis discretas compras.
Esos cines escondidos en barrios miserables
aún proyectan las borrosas películas de mi vida.

El héroe, siempre lleno de extravagante ilusión,
¿perdiéndolo todo al final –sea lo que sea--?
Entonces salgo a la luz fría y carente de fe
esperando a la salida con la boca cerrada.

(Charles Simic. Mi séquito silencioso. Traducción de Antonio Albors. Madrid, Vaso Roto, col. Poesía, 59, 2014)

jueves, 30 de marzo de 2017

Francisco


Yo, Francisco,
me he convertido en el juglar de Dios,
pero a mi antiguo caballo,
el que murió junto a mí,
lo sigo soñando:
era un animal lleno de miedo,
era mi cuerpo.
Lo dejé morir
en un cruce de calles,
y sólo entonces sentí
el innoble hedor de mis vicios,
de mi violencia.
Me he convertido en la cúspide de la caridad
porque un día Dios
sin yo merecerlo
se inclinó sobre mí
y me besó las manos.

(Alda Merini. Francesco. Canto de una creatura. A cura di Arnoldo Mosca Mondadori. Prefazione di Gianfranco Ravasi. Milano, Sperling & Kupfer, 2015. Imagen: Francisco dando un sermón a las aves, según el fresco de Giotto di Bondone de la Basílica Papal de San Francisco, en Asís)

 (Io, Francesco, / sono diventato il giullare di Dio, / ma il mio remoto cavallo, / quello che mi è morto a lato, / l’ho sempre sognato: / era una bestia piena di paura, / era il mio corpo. / L’ho lasciato morire / all’angolo delle strade, / e solo allora ho sentito / l’ignobile puzzo dei miei vizi, / della mia violenza. / Sono diventato il vertice della carità / perché Dio un giorno / immeritatamente / si è chinato su di me / e mi ha baciato le mani.)

lunes, 6 de marzo de 2017

Lectura de poemas de Friedrich Hölderlin


En verdad, el mar quita y da memoria.
Y el amor también fija los ojos atentos aplicados.
Pero lo que permanece, lo fundan los poetas.

(Friedrich Hölderlin. Poemas. Traducción e introducción de José María Valverde. Barcelona, Icaria, 2014)